La tercera Cumbre Mundial en Cuenca, Ecuador

Paúl Carrasco Carpio, 

prefecto de Azuay

En mi calidad de Prefecto Provincial de la Provincia del Azuay, cuya capital es Cuenca, ciudad declarada en el año 1999 Patrimonio Cultural de la Humanidad, y siendo parte del equipo anfitrión de uno de los encuentros, a nivel planetario, más importantes a realizarse en nuestro país, el Ecuador, espero que quienes estamos como responsables de  su organización, respondamos con calidez y calidad a las expectativas que la III Cumbre Mundial Hambre Cero, despierte en los asistentes al mismo y, porque no decirlo, en los pueblos de la Tierra, porque la temática a abordarse en el mismo incumbe de forma directa a todos los habitantes de nuestro planeta.

Es conocido por todos que el Hambre Cero es el segundo los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, que son el fruto de un acuerdo histórico alcanzado en septiembre de 2015 por 193 líderes mundiales. A diferencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que fueron desarrollados por un grupo de expertos y se planteaban únicamente 21 metas, los ODS representan un avance porque son el resultado de un proceso de negociación en el que estuvieron involucrados 193 estados miembros de la ONU y, lo que es más importante, contó con una participación sin precedentes de la sociedad civil, es decir hubo una representación más amplia y como consecuencia la gama de perspectivas e intereses también tuvieron un carácter más global, por ello es que fueron 169 las metas propuestas.

Si bien el Hambre Cero solamente es uno, de una gama de objetivos, constituye un eslabón básico en la cadena de elementos interconectados que representan los ODS, por ello, particularizar su abordaje tiene sentido en la medida que las expectativas planteadas en los ODM, dentro de este campo, no presentaron resultados alentadores, por el contrario, se evidencian retrocesos, sobre todo en determinadas regiones del planeta consideradas endémicas, por su escaso crecimiento económico, inclusión social y protección del medio ambiente. 

A pesar de que en los ODS están involucrados, además de los países en desarrollo, también los países ricos, lo cual significaría un mayor compromiso planetario frente a los problemas sociales relacionados con el hambre y la mal nutrición, datos compartidos desde la FAO, en el año 2017, señalan que la población que sufre hambre en el mundo alcanza un 11%, superior al 10.6% del año 2015. Ello significaría que en la actualidad 815 millones de seres humanos sufren hambre. Obviamente, en este incremento deben considerarse factores no predecibles, de ocurrencia reciente, como conflictos armados o efectos del cambio climático, que han reducido las capacidades de producción en determinados países o zonas del planeta. La verdad es que 6 de cada 10 personas que sufren hambre, provienen de estas regiones. Si estas son las condiciones, el Hambre Cero, que se planteó como una lucha que debería ganársela antes del 2030, pudiera constituirse en una quimera; pero las únicas batallas perdidas son aquellas que no se las da, por ello consideramos que el reto está allí, presente y factible, si todos los líderes del planeta y las organizaciones de la sociedad civil, hacemos los mejores esfuerzos por cumplir con las metas propuestas. 

El solo hecho de considerar que en el planeta se produce lo suficiente para alimentar a toda la población mundial, nos da la certeza de que el problema no está en la falta de prodigalidad de la Pacha Mama (como llaman a la Madre Tierra nuestros pueblos ancestrales), las causas, desgraciadamente, siempre las encontraremos en la injusta e inequitativa distribución de la riqueza y en la persistencia de brechas inexplicablemente grandes entre ricos y pobres, ya sea en la relación entre estados, como al interior de los mismos.

Las bajas producciones, los mercados defectuosos, los precios inaccesibles, la falta de asistencia técnica, la imposibilidad de acceder a alimentos nutritivos y sanos, etc., etc., no son sino los efectos de una realidad injusta a la que estamos llamados a enfrentarla. De ahí la importancia de la III Cumbre Mundial sobre Seguridad y Soberanía Alimentaria, que realizará en la ciudad de Cuenca; entre los días 26 y 28  del mes de abril del presente año; específicamente para abordar el segundo objetivo de los ODS: Hambre Cero, de la que estamos seguros se obtendrán enseñanzas y aprendizajes, producto de experiencias concretas, en base a los cuales se podrán elaborar propuestas que permitan impulsar programas y acciones para que, desde lo nacional y local, incidan en el cambio de esta realidad y se consiga generar una voluntad política inquebrantable y un esfuerzo colectivo a largo plazo, para terminar con el hambre y la desnutrición en el planeta.     

Tenemos fe que, como producto del trabajo esforzado de los asistentes a esta III Cumbre, la “Declaración de Cuenca” sea el camino para asumir los compromisos que nos permitan impulsar a través de las regiones del mundo, los gobiernos locales, los centros de educación superior, las organizaciones sociales y la sociedad civil, las acciones que la humanidad demanda para eliminar de una vez y por siempre el hambre y la desnutrición y alcanzar la tan anhelada seguridad y soberanía alimentaria.

 


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