La tercera Cumbre Mundial de Regiones "Hambre Cero"

Gustavo Baroja 

Prefecto de Pichincha y Presidente de CONGOPE 

Desde el año 2008 ORU Fogar trabaja el tema de la seguridad alimentaria, tanto en proyectos concretos de seguridad alimentaria como en la realización de cumbres internacionales, Dakar (2010) y Medellin (2012). La tercera cumbre realizada en la ciudad de Cuenca-Ecuador, el 27 y 28 de abril, nos plantea como gobiernos regionales una serie de retos, recogidos en la “Carta de Cuenca”.

El hambre alcanza a unos 800 millones de personas, uno de cada diez personas en el mundo la padece.  A pesar de que se reconoce que los esfuerzos de cumplimiento de las ODM lograron una reducción importante, aún queda mucho por hacer si queremos poner fin al hambre, objetivo que creemos posible, siempre que se asuman con responsabilidad los compromisos y lineamientos a los que nos comprometimos en esta reunión.

Ecuador en su Constitución más allá del “derecho a la alimentación”, ha incorporado los temas de la seguridad y la soberanía alimentaria como derechos asegurados por el Estado. También reconocemos que la “doble carga” de malnutrición se expresa con mucha fuerza en el país, cuyas acciones para reducir la desnutrición no han tenido aún los resultados esperados (la reducción en diez años de la desnutrición crónica fue de apenas dos puntos porcentuales, de 26 a 24%), y aparece como paradoja el problema de la malnutrición, donde por ejemplo la diabetes se convierte en nuestro país en primera causa de muerte, y los problemas de salud vinculados a la obesidad son cada vez más importantes en la atención sanitaria. 

Los gobiernos intermedios, denominados provinciales, contamos con las competencias de fomento de la producción y ambiente, que nos permiten establecer programas que inciden en la meta de hambre cero; pero no contamos con competencias en los temas de salud y de atención a poblaciones especialmente vulnerables (como niños, tercera edad, mujeres embarazadas), ó en temas de comercialización, que nos permitan actuaciones más integrales en nuestros territorios. La discusión de estos temas, en torno a la profundización de la descentralización, están hoy en el “orden del día” de la agenda de la reforma del Estado en el Ecuador, y para ello un impulso importante ha sido la Cumbre, de la cual asumimos la corresponsabilidad de su realización.  

La meta de poner fin al hambre implica cambio de políticas, inversiones focalizadas, compromisos políticos serios: los gobiernos subnacionales (incluidos los locales) debemos enfrentar colectivamente el tema. No puede ser una acción únicamente de un nivel de gobierno, aunque sí reivindicamos el rol de intermediación, la vinculación y articulación de los múltiples actores públicos, privados y comunitarios, como una función que deberíamos asumir los gobiernos intermedios. 

Es en el territorio donde se debe resolver y aplicar las políticas para dar cumplimiento a los objetivos mundiales. En esa línea, es vital fortalecer las capacidades de interlocución de ORU Fogar y las demás organizaciones de ciudades y regiones frente a los organismos internacionales, y de manera especial en Naciones Unidas como una forma de influir en la definición de políticas, objetivos y metas globales, así como en la implementación territorial   en lo local. 

Es importante recalcar, que el 80% de las personas en extrema pobreza se encuentran en las zonas rurales, y en cinturones marginales que se nutren de la población expulsada del campo. Los esfuerzos para superar la pobreza se deberían orientar por ello hacia el cierre de las brechas entre los niveles de vida urbanos y rurales. Si la relación entre la ciudad y el campo es inequitativa, es imposible hablar de desarrollo.  Eso nos lleva a plantear como estrategia de la planificación “integral”. Aunque podamos teóricamente distinguir una agenda “urbana”, el desarrollo requiere que miremos la totalidad del territorio, que podamos curar las desiguales condiciones de ingreso, de acceso a los derechos de salud o educación, de vivienda digna, de transporte, que seguimos encontrando en la ruralidad.  

La sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos se vincula con la producción agroecológica: producir agroecológicamente es garantizar salud, mantener una relación de comunión con la naturaleza, y tiene que ver con la recuperación de los conocimientos ancestrales. Ello sin dejar de lado los avances de la investigación, la ciencia y la tecnología. Reconocemos que el primer objetivo para la seguridad nutricional es mejorar la producción de alimentos sanos y adecuados, con nutrientes suficientes, y que no generen efectos adversos a la salud a corto o mediano plazo.

Ello implica apoyar a los productores, incluyendo sus demandas de acceso a la tierra, al agua, a la tecnología, al capital y a los mercados.  También a ser escuchados en la construcción de las políticas y sistemas agroalimentarios, de los que muchas veces han sido excluidos. En esta línea, el encuentro de Cuenca buscó articular los conceptos de “seguridad” y de “soberanía alimentaria”, que los miramos complementarios. Siempre es posible, y lo mostró Cuenca, entablar diálogos y encontrar consensos. Y, nuevamente, este es un tema en el que los Gobiernos Regionales podemos encontrar un rol de articulación, de facilitación del diálogo de políticas, de construcción de espacios de gobernanza abiertos a todos los actores y posturas.

La construcción de sistemas agroalimentarios territoriales sostenibles se convierte entonces en una función importante de los gobiernos regionales. Los vínculos de esta temática con el cambio climático deben ser abordados con responsabilidad. Encontramos en la producción agrícola una alta dependencia del combustible fósil que aumenta el deterioro climático, cuando existen alternativas para el aprovechamiento de tecnologías limpias. Encontramos que la mayor producción de gases de efecto invernadero en algunos países proviene de la ganadería, cuando es posible promover una ganadería “inteligente”. Encontramos un alto desperdicio de un cuarto y un tercio de los alimentos producidos, cuando es posible introducir buenas prácticas de manejo en todos los eslabones de las cadenas productivas.  Hay cambios que están en nuestras manos, como gobiernos regionales. 

El objetivo “Hambre Cero” está absolutamente anclado a los objetivos de erradicar la pobreza, asegurar agua potable, mejorar la productividad, o el manejo adecuado de los ecosistemas.  No se pueden cumplir los objetivos de manera aislada, pero, como nos decía el ex presidente español Rodríguez Zapatero en la reunión de Cuenca, es un objetivo que podemos lograr. Podemos ser la generación que logró acabar con el hambre (y con la mala nutrición). El rol que asumamos los gobiernos regionales o intermedios será vital para lograr esta meta.

 


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