Dakar, 10 años después?

Florence Egal

Experta independiente en Seguridad Alimetaria

La 1a Cumbre de las Regiones del Mundo sobre Seguridad Alimentaria se celebró en Dakar en enero de 2010. Los representantes de los gobiernos regionales y las asociaciones de gobiernos regionales de los cinco continentes señalaron que los compromisos asumidos en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 2002 habían tenido escasos efectos, que la crisis económica mundial de 2008-2009 había empeorado la situación y que la crisis alimentaria amenazaba la estabilidad internacional. Ha llegado el momento de reconocer que la seguridad alimentaria mundial es una cuestión política y que las autoridades locales y los territorios rurales tienen un papel importante que desempeñar. Los gobiernos regionales, en su calidad de órganos intermediarios de la gobernanza, eran, en efecto, el nivel pertinente para determinar las necesidades locales y asegurar la coherencia de las prácticas de desarrollo local con las estrategias nacionales. Además, están en condiciones de asegurar la participación de los actores de sus territorios en la definición y aplicación de las políticas locales adecuadas. 

El Foro Global de Asociaciones de Regiones (FOGAR) pedía que las regiones se integraran en la gobernanza mundial de la seguridad alimentaria y que participaran en el Comité de Seguridad Alimentaria. Asimismo, le preocupaban las repercusiones de la excesiva liberalización de los productos agrícolas en los territorios y el impacto en las poblaciones locales de las negociaciones internacionales sobre los recursos de la tierra. Reconoció la necesidad de una agricultura ecológicamente intensiva que aprovechara al máximo las ventajas y limitaciones de cada territorio y diera prioridad a los pequeños productores y a los conocimientos tradicionales locales. De acuerdo con el principio de subsidiariedad, las regiones se comprometían a promover los mercados locales y los circuitos cortos en un contexto nacional y transfronterizo; a fomentar las inversiones locales; a decidir las infraestructuras según una lógica territorial; a movilizar los conocimientos locales y a desarrollar las técnicas de producción tradicionales; fomentar el surgimiento de iniciativas locales mediante el fortalecimiento de la capacidad de los actores; promover a nivel local prácticas de producción y gestión de recursos naturales sostenibles y medidas para mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático; y federar las organizaciones de productores para hacer frente a los oligopolios.

En octubre de 2012, en Medellín, ORU-FOGAR recordó el compromiso de los Estados Federados y de los Gobiernos Regionales en Río con el desarrollo sostenible, expresó su preocupación por el impacto de los incidentes climáticos en la producción agrícola y señaló que la situación no estaba cambiando mucho. La declaración final de esta 2ª cumbre recordó la importancia del enfoque territorial del desarrollo como escala pertinente para la construcción de soluciones estructurales integradas a largo plazo que respondieran mejor a los problemas de la interacción rural/urbana, en estrecha colaboración con los niveles nacional e internacional; y pidió que se tuvieran en cuenta las características territoriales específicas a nivel mundial para el reconocimiento y la protección de la diversidad de los terruños y las culturas, así como el mantenimiento de la pluralidad de los conocimientos. ORU-FOGAR se comprometió a promover "sistemas alimentarios territorializados" pilotos destinados a fortalecer la autonomía alimentaria de los territorios en términos de seguridad alimentaria a través de la reubicación de la producción, el consumo y la distribución.

En el período previo a la Cumbre Mundial sobre los Sistemas Alimentarios de 2021, estos temas permanecen en la agenda y las iniciativas de los distintos actores se han multiplicado. Las más de 200 ciudades del Pacto de Milán se han comprometido a partir de 2015 a promover sistemas alimentarios urbanos sostenibles en sus territorios. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) adoptó en 2016, en Quito, la nueva agenda urbana que hace hincapié en los vínculos entre las zonas urbanas y rurales. ONU-Hábitat publicó, en 2017, Implementing the New Urban Agenda by Strengthening Urban-Rural linkages y, en 2019, Urban-Rural Linkages: Guiding Principles to Advance Integrated Territorial Development. El primer foro mundial sobre los vínculos entre las zonas urbanas y rurales fue organizado conjuntamente en noviembre por ONU-Hábitat, la provincia de Zhejiang y las autoridades locales en Songyang (China), sobre el tema Rural Revitalization through Innovations and Valorization.

Pero la gobernanza no está a la orden del día y sigue siendo el primer obstáculo para el desarrollo sostenible. Las instituciones y los donantes que la apoyan están compitiendo con conceptos e iniciativas que todos afirman estar basados en un enfoque interdisciplinario y multi actor del desarrollo sostenible y que se suma a la confusión y el retraso de la agenda de 2030.  El problema se sitúa a dos niveles: el nivel nacional, que está dividido en sectores y es visto como el único interlocutor legítimo por las instituciones multilaterales y bilaterales, a su vez también divididas en silos sectoriales, que tienen dificultades para gestionar la complejidad y el desarrollo sostenible y son reacios a apoyar una verdadera descentralización; y el nivel subnacional e interpaís, caracterizado por la proliferación de instituciones, redes e iniciativas descoordinadas y a menudo dispersas.

La situación política en un número creciente de países refleja claramente la revuelta de los territorios contra el proceso de liberalización económica y financiera que con demasiada frecuencia vacía el campo, acelera la migración, degrada el medio ambiente y agrava las diferencias socioeconómicas, y contra la toma de decisiones de los gobiernos nacionales que ya no representan sus intereses.  

Sin embargo, ante esta preocupante observación, hay algunos motivos para el optimismo. El mundo científico es ahora consciente de la necesidad de un nuevo paradigma de investigación para reorientar los sistemas alimentarios. La Conferencia Living Territories organizada en Montpellier en febrero de 2018 llegó a la conclusión de que se necesita una alianza para promover un enfoque territorial más allá de las etiquetas de unos y otros , que podría ser un punto de agregación para los interesados nacionales e internacionales.

La aparición del cambio climático y el medio ambiente en los debates internacionales debería permitir repensar los sistemas alimentarios en torno a las biorregiones, que son más relevantes para la cuestión de la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible que las fronteras políticas, administrativas y electorales actualmente en vigor.

Por último, pero no por ello menos importante, la creciente movilización de los jóvenes, la población y la sociedad civil debería influir tanto en la demanda de consumidores conscientes de las implicaciones sanitarias, sociales y medioambientales de sus elecciones alimentarias, como en los programas políticos de las naciones afectadas.

 


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