Los gobernadores de Perú reclaman una descentralización urgente

Durante la IV Cumbre de la Descentralización, celebrada en Cusco los días 24 y 25 de junio, y tras constatar que en los últimos años el proceso descentralizador había avanzado muy poco, los gobernadores peruanos acordaron una agenda descentralizadora para los próximos cinco años. El evento se celebraba en el marco del Bicentenario del Perú y en una muy peculiar circunstancia política: tras constatar su victoria, la Junta Nacional Electoral no había proclamado a Pedro Castillo como presidente del Perú. La Cumbre, así, acabó debatiendo el plan que la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales, ANGR, debía presentar al nuevo presidente.

El anfitrión, el gobernador de Cusco, Jean Paul Benavente, reclamó una política que encamine y consolide el proceso de descentralización. El presidente de ANGR, Carlos Rua, confirmó este reclamo afirmando que la agenda de la descentralización debía convertirse en una “agenda nacional”. “No puede ser -afirmó- que tras 200 años de República, en algunos territorios de Perú, 5 de cada 10 niños aún sufran anemia”. Denunció que el gobierno central estuviera duplicando funciones que estaban cubriendo ya los gobiernos regionales o que, para cumplir con el presupuesto nacional, algunas transferencias llegaran a las regiones el 31 de diciembre.

Carlos Rua, gobernador también de Ica, fue el primero de los gobernadores expresar su queja por el abandono en el que se han visto durante la pandemia. “Nos hemos puesto en pie, sin embargo, para defender a nuestra gente”. Juan Tonconi, gobernador de Tacna y presidente de la Mancomunidad Macro Sur, afirmó que el COVID-19 “había desnudado la realidad del país”. Explicó que, a pesar de que la OMS reclama que un 6 % del PIB se dedique a la salud, en Perú es tan sólo del 2,2 %. Reclamó, así, una descentralización económica y fiscal efectiva. Quién fue más contundente fue, sin embargo, el gobernador de Loreto, Elisban Ochoa, quién explicó que, a su región, un inmenso territorio amazónico, no había llegado ni una sola planta de oxígeno por parte del gobierno central. Había sido la región quién había conseguido las 18 que habían permitido abordar la pandemia. Todos los participantes en la cumbre reclamaron una rápida vacunación.

En sus conclusiones, los gobernadores rechazaron una política de desconcentración, en favor de una verdadera descentralización. Reclamaron políticas predecibles, con normas claras y presupuestos suficientes. En muchas ocasiones se hizo referencia a la práctica de ir a “suplicar a los despachos de Lima” y al “ninguneo” del aparato burocrático central hacia el territorio. Con gran unanimidad, todas las voces reclamaron que el Bicentenario fuera la ocasión para enterrar el centralismo y, el inminente cambio de gobierno, la oportunidad propicia para emprender las reformas pertinentes.

El presidente electo, Pedro Castillo, quién clausuró la IV Cumbre, se comprometió sin reservas con una descentralización, que “permita superar el abandono del Perú profundo por parte del estado”. Mostró una complicidad completa con ANGR y afirmó “no es posible que, del presupuesto total, el 70 % se quede en Lima, el 18 % se entregue a los gobiernos regionales y el 12 % a las municipalidades”. Se comprometió a que los porcentajes fueran al revés, para poder atender las necesidades de los ciudadanos. El presidente de ANGR, Carlos Rua, instó a la Junta Nacional Electoral a no dilatar más la proclamación de Pedro Castillo como presidente peruano.

 

 

 

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